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Terra
La Coctelera

El ultimo verso

El útimo verso se escribe hoy. En las hojas palidas de un viejo libro,
en las cicatrices de las palabras dichas, haciendo del verso una canción nocturna.

De noche, acariciando la sombra de la luna con tu recuerdo.
Buscando palabras precisas, y tal vez inventando un nuevo idioma.

El silencio huele a dudas, mis palabras a recuerdos y la noche huele a tí.
Mientras el complejo del destino agobia mi esperanza, tu la matas con tu olvido.

Besarte, robar la llave que abre esos labios y encontrar la plegaria que provoque tu regreso.
Más por hoy no seremos nosotros, por hoy seremos aquellos.

Aquellos que recuerda el espejo atrevido mediante un reflejo avergonzado.
Aquellos, los que fueron simplemente ellos. Pasión, verso, amor y olvido en un solo verbo.
Los dueños de aquellos dias, los dueños de los amaneceres presurosos.
Dueños de un "te amo", dueños de la noche celosa y atrevida que gritaba tu nombre.

Las fantasias que embriagaban en aquel entonces nuestras vidas.
Hoy forman parte de una cartelera que agoniza.

El último verso lo escribo yo, la desición la tienes tú,
la noche nos tiene a los dos y la última palabra la tiene Dios.

¿Por qué hasta ahorita?

¿Por que hasta ahorita?
Tal vez porqué nunca pense verme alejado de ti,
tal vez porqué deje de ser yo al sentirme tan seguro de ti.
tal vez...fue solo por desidia o por cobarde.

Realmente no me comprendo,
solo le pedi que no permitiera que mis
palabras se las llevara el viento.

Mi alma se ahogo en miles de pretextos,
mis palabras se hicieron distantes
y mi esperanza se escondio tras sus reproches.

La serenata continuaba, nuestra melodia se escuchaba
por la calle empedrada, ecos sonoros llenaban la noche
con palabras llenas de melancolia.
Nada pasó, la serenata termino y tu y yo nos quedamos en silencio.

El frio del amanecer termino por congelar tus sentimientos,
tus palabras fueron cada vez mas frias y distantes,
las lagrimas en tus ojos dejaban entre ver tus sentimientos.

¡Dime que debo hacer!
Dime si acaso la serenata no fue de tu agrado,
dime si te molesta la noche, dime si la luna,
dime si son las estrellas, dime...solo dime algo.

Y te quedaste callada, y dejando caer una rosa
de entre tus suaves manos me miraste a los ojos,
miraste al cielo como suplicando a Dios las palabras exactas,
y dejando aun lado nuestro pasado
me hiciste saber que alguien mas te esperaba.

La ilusiones terminaron en ese instante,
y cerrando la puerta volteaste la mirada,
y con lagrimas en los ojos y la rosa en el suelo
resonaron en mi alma y mi desidia las ultimas palabras
del amor que alguna vez me entregaste...

¿Por qué hasta ahorita?

Una voz del amor

Silencio...
mi amada duerme, y yo...
yo velo sus sueños.

Tan hermosa en el silencio,
como una voz delicada y suave
qué calma el llanto y la tristeza.
Sí, ella es mi amada.

Es mi princesa, mi amor,
la voz nocturna que gustan las estrellas,
la divinidad de la noche
y la alegría de mis días.

Es el verso cobijado por Dios,
es el verbo del amor,
la osadía del poeta novato
que el más hermoso verso escribió.

Es simplemente mi amada,
la princesa de color pastel,
la luna extraviada por las noches de octubre.

Mi amada es tan hermosa...
pero no hablemos de ella frente a las estrellas,
son celosas y podrían envidiarle,
¿Y si acaso ya lo hicieran?

¡No importa! mi amada es hermosa,
es hermosa y de alma buena.
el silencio es hermoso en sus ojos
y el verso eterno en su boca.

Es tan bella mi amada,
qué he puesto mi alma en sus manos,
mi destino en sus pasos y su nombre en mis versos.

Si... es mi amada.

El Comienzo...

Miedo... Nada mas impetuoso que el miedo y la indecisión del atrevimiento, mirándola de lejos me conformo, eso fue lo que pensé por varios días, no me atrevía cruzar palabra alguna. Un día simplemente, terminando la jornada normal de clases, la vi apresurarse a la base del transporte colectivo de la ciudad, presurosa con su peinado de media cola y un fleco muy gracioso, su andar presuroso, su mochila con la figura de un personaje de Walt Disney, unas orejas colgando lateralmente provenientes del rostro de dicha figura. Su falda larga cubriendo prácticamente toda ilusión de vislumbrar la pantorrilla, sus tenis blancos y el sudor en su frente me hicieron constatar qué ese día ella había tenido clase de deportes. El tono de su piel, moreno claro, sus ojos de un color café extraño, tan extraño puesto que nunca había constatado lo hermoso de dicho color.
Todo era tan hermoso, y sin embargo me sentía tan cobarde y conformista, tal como la silaba perdida de un poema infame. Su nombre... nunca lo olvidare, un nombre tan extraño y tan hermoso en ese entonces para mí, y digo en ese entonces, puesto que al pasar de los años, he pronunciado dicho nombre mas veces que el mío, por lo que ya no me es extraño sorprenderme de pronto con su nombre en mis pensamientos.
Marzo, la primavera comenzaba y con ella mi decisión de escribir una nueva historia,- le hablare- Pensé, pero ¿que le diría?, las palabras saldrían en ese momento.
Palabras... simples palabras constataron la verdadera magia del amor, a una edad en qué la niñez sucumbe por los deseos de que lo llamen a uno; muchacho. La primer y verdadera historia para recordar en la vida, el amor inocente y temeroso, tocar su mano, el perfume de su pelo, su peinado, su andar presuroso, su mirada tierna y hasta cierto punto melancólica. No era extraño que mi madre me sorprendiera pronunciando el nombre de aquella hermosa niña, y en ocasiones, yo solo me sorprendía a mitad del día, mitad de la noche, siempre pensando en ella, recordando su rostro hermoso, el sol en su mirada, su fleco, su andar inconfundible.
En aquel entonces, cuando todo hermoso, la inspiración es tan fácil pero a la vez tan difícil de plasmar, que siendo para ese entonces un niño mirando hacia la luna, con su rostro en mi mente y su nombre en mis labios, solo pudo un verso opacar por un instante su rostro, y con la mirada al cielo, recuerdo aquel verso que marcaba el comienzo de la inspiración, y por ende, de lo que fue una hermosa trivialidad de lo eterno, cuando se prefiere hablar de amor.

¡Hoy tendrás que soñarla!
Eso me dijo la luna.
Y no pensaras cosa alguna
qué no sea volver a mirarla.

NasDlo